Dedicamos este nuevo post a una circunstancia más frecuente de lo que se puediera creer: la existencia de empresas sin estrategia. La estrategia está al servicio de la alta dirección y su función es ayudar a que la empresa sobreviva, crezca y tenga éxito. Permite en primer lugar la formulación de objetivos y la elección de caminos para alcanzarlos. Es el instrumento ideal para saber dónde estamos, adónde vamos y cómo llegar allí. Es una actividad, diríamos que consustancial, con la dirección de empresas, y sorprende que existan empresas sin estrategia. Las hay sin embargo y todas terminan siendo empresas convencionales y de alto riesgo que desaparecen a las primeras de cambio. Rafael Martínez Alonso en su libro, El Manual del Estratega, al que venimos refiriéndonos en los últimos posts, trata este tema en uno de los capítulos de su libro. Leyéndolo se podría decir que no tener estrategia es como caminar a ciegas

rp_mitos-del-marketing-21.jpgEn algún sitio de este blog creo que me he referido al caso, bastante frecuente por cierto, de que una empresa no disponga de estrategia. En el caso de muchas empresas medianas, pequeñas y muy pequeñas, o microempresas, el problema no es el tamaño, sino el hecho de no disponer de estrategias, y como consecuencia de ello ser empresas convencionales que dependen de la existencia de algo externo de lo que se aprovechan y viven. Sería el caso, dicho con un ejemplo muy simple, de una pequeña empresa de transportes que surge porque cerca existen varias fábricas de harina que le dan trabajo. La empresa puede crecer y organizarse y sus directivos estar muy ocupados con la dirección de las  operaciones diarias, con la venta de servicios, con la atención a los clientes, con la logística de medios de transporte y almacenamiento e, incluso, con la financiación  de las inversiones y con la gestión de la tesorería y el correcto uso de los recursos varios.

La empresa puede tener éxito, ser eficiente y dar beneficios, pero si sus directivos no se ocupan de nada más puede estar corriendo grandes riesgos.  ¿Qué pasaría, por ejemplo, si las fábricas de harina cerraran?. Es muy probable que la pequeña empresa de transportes tuviera que cerrar también.

La estrategia consiste, como hemos dicho tantas veces en este blog, en tener metas y orientarse a alcanzarlas, así como en saber fijar nuevas metas con agilidad, en buscar nuevos sitios a los que ir y nuevos caminos para llegar a ellos. Tiene que ver con controlar la marcha de una empresa y tener la posibilidad de crear su futuro. Todo lo cual es lo más genuino de un empresario, directivo o administrador al más alto nivel.

El libro de Rafael Martínez Alonso que venimos comentando en los últimos posts dedica un capítulo a hablar de la no existencia de estrategias en las empresas. Se trata del Capítulo 3, un capítulo previo a aquellos en los que trata de los distintos estilos de estrategas, o estrategias, que existen o se pueden identificar en las empresas, a lo que el libro está dedicado.

El capítulo lleva por título, “Los no estrategas”, y se refiere más bien a las empresas, o a los directivos, que no disponen de estrategias ni dedican esfuerzos a saber adónde van.

Lo que se dice en él es muy interesante, aunque como he dicho en el post anterior se deba aplicar a los managers o directivos, no a los estrategas profesionales. Estos últimos por pura congruencia no pueden ser “no estrategas”.

Pero dejando aparte ese aspecto menor, el autor hace consideraciones muy ciertas y muy ingeniosas. Dice, por ejemplo, que “sin metas no hay estrategias” haciendo de la estrategia el instrumento necesario para fijar objetivos. Habla de la “pereza estrategia” que parece atenazar a muchas empresas pequeñas y a sus responsables y une este hecho a que con frecuencia todo el mundo en esas empresas se dedica a hacer las cosas diarias y urgentes y consideran que la estrategia es “no hacer nada”. Menciona al respecto la frase de un ajedrecista ruso según el cual: “Táctica es saber qué hay que hacer cuando hay algo que hacer; y estrategia saber qué hay que hacer cuando no hay nada que hacer”.