Continuamos en este post analizando algunos problemas que pueden tener las empresas que no disponen de una estrategia. Lo hacemos refiriéndonos en parte al libro, “El Manual del Estratega”, de Rafael Martínez Alonso. Se relacionan algunos problemas típicos adicionales a los indicados en el post anterior y se concluye con un resumen de 10 puntos en los que se intenta poner de manifiesto los riesgos inherentes a no disponer de estrategias. La conclusión general puede ser que sin estrategia no hay verdadera dirección de empresas, o lo que es lo mismo, que dirigir empresas es saber formular estrategias, implementarlas y utilizarlas para tener éxito en los negocios. Sin ellas las empresas sólo pueden ir hacia abajo que no deberías hacer en twitter

Rafael Martínez Alonso menciona también en su libro algo muy conocido que tiene que ver con los riesgos de no disponer de una estrategia. Lo normal en esos casos es formar parte o depender de las estrategias de otros. Tan simple como eso.

La estrategia debe servir también para informar y motivar al personal de una empresa y hacer que todos empujen en la misma dirección, por eso Martínez Alonso tiene razón de nuevo cuando dice que muchos directivos no reconocen que no tienen estrategia simplemente por pudor y por perder el glamour que la estrategia tiene, pero que es muy fácil identificar la no existencia de una estrategia: “hay simplemente que hablar con los empleados”.

Se refiere a continuación a diversas circunstancias que explican la no existencia de estrategia, desde el caso de las empresas muy jóvenes que tienen que consolidarse, al de las empresas de tipo burocrático y funcionarial, y al de las empresas que falsean las estrategias y parecen ir a algún sitio sin ser cierto.

Aborda después temas del máximo interés como: los sucedáneos de la estrategia; la distinción entre táctica y estrategia y el peligro de confundirlas; la necesidad de no confundir la astucia con la estrategia; y la conveniencia de que las estrategias sean formales y simples o ágiles.

El resumen que cabe deducir, del Capítulo 3 del libro de Rafael Martínez Alonso y de mi propia experiencia, dicho sea de paso, es el siguiente:

1.- Una empresa sin estrategia es un negocio con alto riesgo en el que nadie puede creer.

2.- Que una empresa vaya bien no es razón suficiente para no disponer de una estrategia. La empresa tiene que adelantase continuamente a los acontecimientos adversos.

3.- Las estrategias pueden ser implícitas, es decir, existir sólo en la mente de los altos directivos, pero es mucho mejor que sean explícitas y formales.

4.- No hay que olvidar que las estrategias deben servir también para implicar y motivar a los empleados y hacer que todos contribuyan a la obtención de metas y objetivos.

5.- Las estrategias no tienen por qué ser complejas o difíciles de formular, simplemente tienen que ser creativas.

6.- Hay que evitar la “pereza estratégica” y ponerse siempre en el peor de los escenarios posibles para la empresa.

7.- Si un directivo está muy ocupado con las cosas diarias y urgentes debe considerar la posibilidad que alguien se ocupe de lo estratégico.

8.- La estrategia es consustancial con  la alta dirección. Un General Manager, CEO o Presidente debe combinar tres capacidades básicas: la de gestión, la estratégica y la de liderazgo.

9.- Un alto responsable no puede decir que han cambiado las circunstancias y él no lo esperaba sin haber hecho el esfuerzo estratégico de pensar en lo probable o, incluso, en lo improbable.

10.- La estrategia es lo más importante en una empresa y aunque con frecuencia lo urgente es lo que ocupa a los directivos la mayor parte del tiempo, no puede ser uno máximo responsable de una empresa sin encontrar tiempo para la estrategia.