DafoLa metodología general de Dirección Estratégica  a la que se hacia referencia al final del post anterior, está formada por cuatro grandes etapas: 1) análisis estratégico; 2) formulación de estrategias; 3) implementación de estrategias; y 4)  control estratégico. En cada una de ellas hay muchos aspectos a analizar y técnicas diversas a emplear. En la primera de ellas hay que revisar aspectos tales como el tipo de empresa de que se trata y su gobierno, el estilo de dirección, las definiciones de misión y visión que utiliza, el análisis interno, el análisis del entorno y varias cosas más. Lo mismo o más hay que hacer en términos de áreas a estudiar en la “formulación de estrategias”. Se necesita analizar las estrategias posibles en cuanto a crecimiento, desarrollo, diversificación y otras formas de abordar la expansión de una empresa, al igual que las estrategias para competir, las estratégicas tecnológicas y otras.

Las técnicas son también muy variadas, desde los perfiles estratégicos, la matriz DAFO, las 5 Fuerzas de Porter, las matrices estratégicas y muchas otras.

A todas las técnicas mencionadas al final del post anterior se refiere Martínez Alonso, de forma muy atractiva, por cierto, aunque, como también hemos dicho, de una manera que no se acerca a lo que debe ser un verdadero manual de estrategia. Su libro es más bien un ensayo sobre estrategia empresarial que está orientado a especialistas y profesionales de la estrategia más que a principiantes en esta materia.

En el Capítulo 7, que es el primero de los tres que dedica a hablar de los estrategas profesionales y a describir la lógica y el pensamiento de un profesional de la estrategia, se refiere a la estrategia como una actividad que permite a las empresas anticiparse a los acontecimientos, tanto positivos como negativos, y adaptarse a ellos para sacar el mayor partido posible en términos de resultados económicos, dominio en los mercados y posición competitiva dominante. Sobre el pensamiento del estratega profesional indica que tienen un papel destacado las funciones de previsión, planificación y uso de expertos en temas concretos. Se adentra en la lógica general de la estrategia y repasa las tareas bien conocidas de, definición de la misión, descripción de la visión, fijación de objetivos, formulación de estrategias generales, listado de actuaciones concretas y planteamiento de un control efectivo de las estrategias. Adelanta además los tres grandes grupos de estrategias existentes: las corporativas, las competitivas y las funcionales u organizacionales.

El capítulo en su conjunto se asemeja a lo que en una metodología rigurosa de Dirección Estratégica se denomina, “Análisis Estratégico”. Es muy rico, no obstante, en opiniones y criterios sobre los estrategas profesionales, sus concepciones, sus defectos y sus errores.

Los capítulos 8 y 9, también dedicados a la estrategia profesional, se dedican, respectivamente, al estudio de las estrategias corporativas y de las competitivas. Además de la riqueza de las ideas prácticas que el autor recoge, repasa en cada uno de ellos, aspectos metodológicos diversos y menciona las técnicas más conocidas, ya sean las “5 fuerzas de Porter”, las “matrices estratégicas”,  las “estratégicas básicas para competir”, la “cadena de valor” y varias otras.

En conjunto, todo lo relacionado con la Planificación y la Dirección Estratégica, especialmente todo lo incluido en los libros de texto sobre la materia y todo lo enseñado en las escuelas de negocios, corresponde a una época en la que las cosas evolucionaban lentamente, el crecimiento a largo plazo estaba asegurado y la estabilidad económica garantizada. Todo fue además desarrollado para las grandes empresas y llevado a cabo por empresas consultoras que encontraron un filón en hacer planes estratégicos sofisticados y voluminosos.