El libro de Rafael Martínez Alonso al que venimos haciendo referencia aborda  en su Capítulo 4 lo que llama “Estrategia 1 o “estrategia no razonable””. Trata así la primera de las que previamente ha denominado “las cinco mentes del estratega”, tras haber dedicado un capítulo completo al caso de los “no estrategas”, el cual hemos glosado en parte en nuestro post anterior. En el presente nos detenemos en analizar y comentar dicho Capítulo 4 relacionando muy brevemente lo que en se dice en él con nuestro propio enfoque de la estrategia en la empresa al que denominamos “Estrategias Ágiles”. Esta última denominación no es sólo el título de este blog sino una metodología de Dirección Estratégica.

Estrategias "no razonables"

Estrategias “no razonables”

El libro, como ya hemos dicho, es muy bueno, rico en contenido y muy agradable de leer, probablemente por los ejemplos de empresas y empresarios que cita y por la explicaciones que da de los conceptos más sutiles de la estrategia, lo cual hace con amenidad y apoyándose en autores muy conocidos procedentes de áreas diversas de la cultura. Introduce poco a poco las ideas y las herramientas más importantes de la estrategia aplicada a la empresa y, lo que es más importante, señala los errores en los que se puede caer por un uso defectuoso de este instrumento de reflexión y actuación. En esta “primera mente del estratega” deja muy claros los problemas de las empresas que no tienen estrategias razonables.

Por “no razonables” hay que entender las estrategias formuladas sin buen criterio, sin sentido común, sin información detallada del entorno y del interior de la empresa, con más voluntad que objetividad, sin detalle en cuanto a los fundamentos de los objetivos a alcanzar, con gran obcecación en cuanto a dichos objetivos y sin explicación detallada de los cursos de acción a seguir para alcanzarlos.

Las estrategias de este tipo, que son típicas de empresas jóvenes y empresarios voluntariosos pero con poca experiencia, sirven para actuar, o poner en marcha actuaciones diversas, que es una de las misiones de la estrategia, pero no aseguran el éxito y llevan consigo grandes riesgos.

Son estrategias a medias, estrategias incipientes o estrategias falsas, que no resistirían el análisis de un estratega profesional.

Y a eso quiero referirme de nuevo, después de haberlo mencionado en comentarios anteriores. La mayor parte de lo que Martínez Alonso dice de los estrategas no puede aplicarse a estos sin son verdaderamente profesionales de la materia. Se puede aplicar, sin duda, a los directivos y a las empresas, pero no  a los estrategas. Un estratega puede equivocarse desde luego y formular estrategias no razonables, pero ese error es más de los directivos que de los estrategas.

Para dejar todo dicho sobre esta cuestión conviene indicar que un directivo debe ser siempre un buen estratega y que la dirección de una empresa a su más alto nivel es, sobre todo, una labor estratégica. Pero hay diferencias importantes entre un directivo de máximo nivel y un estratega profesional. Este último, como creo que he dicho ya, no podrá nunca trabajar “sin estrategia”, o formular estrategias “no razonables”, salvo que caiga en un error.

Hay una disonancia clara entre lo que el autor que comentamos llama mentes de los estrategas y lo que los estrategas profesionales hacen en realidad. Si donde escribe “estratega”, escribiera “directivo”, todo lo que en el libro se dice tendría mucho más sentido.

Un estratega profesional es el que hace frente a cualquier situación y para ello usará la metodología general de la estrategia y las técnicas desarrolladas para analizar, formular e implementar estrategias. Todo ello es lo que impide que un directivo o una empresa cometa los errores de no tener estrategias o de formular estrategias no razonables. Martínez Alonso parece querer decir algo de esto cuando en el capítulo al que nos estamos refiriendo se detiene en algunas de las técnicas en cuestión, tales como la matriz probabilidad/impacto, la matriz DAFO, las estrategias de océano azul y al mapa o “canvas” que refleja los factores de competencia en una industria, técnica, esta última, introducida también por los autores del libro La estrategia del Océano Azul, W. Chan Kim y Renée Mauborgne.

Hay que entender en resumen,  que las estrategias “no razonables” se dan en los casos en los que por razones de costes, de tamaño de la empresa o de características de su dirección, no se puede contar con la colaboración de un estratega profesional. Para esos casos, entre otros, es para los que el autor del presente blog ha desarrollado el enfoque de Estrategias Ágiles.

Un estratega profesional armado con la metodología de Estrategias Ágiles y algunas técnicas muy simples como las sugeridas por Martínez Alonso, podría con gran rapidez identificar los motivos por los que una estrategia es “no razonable”, sugerir su modificación, y, lo que es más importante, proponer estrategias alternativas de repuesto a las que se pueda acudir con facilidad, flexibilidad y agilidad, si la primera estrategia intentada no funciona o es poco efectiva, o, si el entorno cambia rápidamente y hay que reaccionar con rapidez a dicho cambio.